lunes, 14 de septiembre de 2015

El regalo del fuego

En tiempos muy lejanos, los dioses griegos vivían en magníficos palacios situados en las alturas del monte Olimpo. Zeus, el dios supremo, era sabio y poderoso, aunque también podía ser impetuoso y vengativo en algunas ocasiones. Cuando se enfadaba, lanzaba rayos fulminantes con los dedos de las manos y por eso los demás dioses le tenían algo de miedo. Zeus se casó con la diosa Hera y tuvieron muchos hijos. 
Al principio, los dioses y diosas gobernaban un mundo medio vacío. Había animales que vagaban sin rumbo pero todavía no existía el ser humano. Epimeteo, un dios que era muy habilidoso, había creado a los animales.
Un día, Zeus ordenó a Prometeo, hermano de Epimeteo, que creara seres humanos para poblar el mundo. 
Prometeo tomó arcilla y con ella modeló figuras de hombres y mujeres a imagen y semejanza de los dioses. Luego, con un soplo, les dio vida. 
Los seres humanos eran felices en la Tierra, pero les faltaba algo que Zeus se negaba a darles: el fuego. Prometen amaba a los humanos y le apenaba que tiritaran de frío por las noches y que se alimentaran de comida cruda.
Un día, Prometen subió al Olimpo y, sin que nadie le viera, robó un trozo de carbón encendido del palacio de Zeus. Se lo llevó a la Tierra y con él enseñó a los hombres a hacer fuego para que pudieran cocinar la comida y tener luz y calor por la noche. Ellos le quedaron muy agradecidos y jamás olvidaron el regalo tan especial que les había hecho. 
Cuando a Zeus le llegó el olor de la comida y divisó el resplandor de las hogueras por la noche, adivinó lo que había ocurrido y montó en cólera. "iPrometeo!", rugió con voz atronadora. "¿Cómo te atreves a desobedecerme? Te castigaré por tu osadía". 
Zeus encadenó entonces a Prometeo a la ladera de una enorme montaña y envió un águila para que cada día le devorara el hígado, que todas las noches le volvía a crecer. Por ser una divinidad, Prometeo era inmortal, pero aunque no podía morir, sí podía sentir el terrible dolor. Permaneció encadenado cientos de años, hasta que Zeus lo perdonó y recobró la libertad.

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